Los perros duros no bailan

La última novela de Arturo Pérez-Reverte lleva la marca de la casa, el “muy de Pérez-Reverte”, con un lenguaje coloquial, fácil de leer, chispeante y dramática a la vez. Dejan entrever un fondo de amargura muy propio de quien ha visto de cerca el sufrimiento y la muerte, quizá sin encontrarles mucho sentido. Sin duda su experiencia como reportero de guerra le marcó profundamente. “Una novela policial, una historia de supervivencia en un mundo donde la lealtad es puro instinto”. Dicen que la lealtad es una cualidad propia de los perros. En realidad es una virtud humana que muchas veces se echa en falta: “me gusta quienes son leales, y en estos tiempos ya ni los perros lo somos”. Hace días que en el Abrevadero de Margot, donde se reúnen los chuchos del barrio, nada se sabe de Teo y de Boris el Guapo. Sus colegas presienten que detrás de su desaparición hay algo oscuro, siniestro, que los mantiene alerta. Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe...